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Clasificación I

     Después de unos meses utilizando aplicaciones varias creo que se puede hacer una primera clasificación de lo que os vais a encontrar en cuando le deis al botón de “crear perfil”.  En general en estas aplicaciones hay de todo, el prototipo de chico que se encuentra poco se diferencia con lo que te puedes topar un sábado por la noche pre pandémico en cualquier garito de tu ciudad. Conversación hay mucha y sobre todo de esa que no lleva a nada, pero una cosa está clara, si lo que estás buscando es algo serio, te recomiendo mejor leer las novelas de Jane Austen.  Se podría hacer una clasificación de los tíos en función del clan social al que pertenecen. Los viceversos, chicos estándar de gimnasio, con un escote más grande que el tuyo, crema antes de salir de casa y maquillaje de noche. Siempre van a la moda, o lo que ellos entienden de moda, porque los pantalones rotos con camisa arrugada permitidme que os diga que bien podría pensar que os acaban de dar una pa...

Cinco lobitos tiene la loba.

    La próxima vez que alguien me diga que una tía que no tiene sexo es porque no quiere, no llega a la hora de la cena vivo. Parece que está muy claro que en este tipo de aplicaciones, en las que te ofrecen un polvo antes de decirte “hola”, debe ser sencillo encontrar a alguien con quien hacerse un favor mutuo, sobre todo después de la sequía en la que nos encontramos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Una tarde tonta de esas que no sabes si matar el tiempo comprando trapos por internet o viendo vídeos de gatitos en youtube, te pones a trastear por la aplicación y haces match con un guaperas, M. De profesión mecánico de aviones, me lo estoy imaginando como Ben Affleck en la película de Pearl Harbor, con el mono a la mitad y el torso al descubierto, ya os digo que no me hace falta ni merendar. Enseguida congeniamos, y comenzamos a hablar de nuestras vidas, sí chic@s, hay que darle mucho a las teclas para conseguir echar un polvo.  Hablamos de trabaj...

A mí no me mires que me tiemblas.

Las aplicaciones se han convertido en un refugio cuando el apocalipsis se acerca y te deja encerrada en casa, ya sea por el covid, la nevada del siglo, los caminantes blancos con pala y carretilla o los extraterrestres, sobre todo aquellos que viven entre nosotros y que en ocasiones puedes encontrar en Tinder. Debo admitir, que en esta época, aunque preferiría beber margaritas juego a deshojarlas. Este me gusta, derecha, este no, izquierda, mientras teletrabajo con una camiseta de propaganda y un moño donde anidan las cigüeñas. Entre todo ese amasijo de carne aparece A., un chico joven pero muy majete, alto y con cara de no haber roto un plato en su vida. Con varias profesiones a sus espaldas, actualmente militar, y claro, con esa foto en traje de faena estoy por quitarle el chaleco antibalas a mordiscos y dejarle puestas únicamente las botas. Hablamos esporadicamente, no quiere parecer muy interesado y seamos sinceras, yo tampoco estoy para subir el ego de nadie. Cuando quiere es li...

Luces, cámara y acción.

Todos tenemos derecho a conocer a gente diferente, a gente afín y también a gente extraña, incluso aquellos que por su trabajo o el mundo del que se rodean se presupone que esta parte la tienen resuelta.  Cuando ví a P. en este tipo de aplicaciones no creía que pudiera ser él. Un par de meses atrás, había ido con unas amigas a ver un monólogo a un pub de la ciudad y actuó allí esa noche. Evidentemente me pareció un chico muy gracioso y físicamente atractivo, aunque en ningún momento se me pasó por la cabeza sacar la caña a pasear. La casualidad hizo que nos cruzaramos en una aplicación de ligoteo. Pensé que era una oportunidad estupenda para poder conocer a la persona que se escondía detrás de las coñas, las risas y los chistes verdes. Hicimos match y enseguida empezamos una conversación donde me tenía que encargar de llevar la voz cantante. Supongo que estaba demasiado acostumbrado a entablar conversaciones con chicas a través de la app pero mi intención tampoco era la de pelot...

Pues aquí, recortando.

    En ocasiones, es conveniente entablar una conversación durante un cierto periodo de tiempo para poder elegir muy bien con quien te tomas unos vinos, no vaya a ser que te encuentres con alguien que necesite cariño con ansia y te presente el anillo de boda en el segundo sorbo. Cuando quedé con A. parecía un tío divertido, elocuente, con mucha conversación, de profesión conductor de autobús, maduro, deportista, con ganas de hacer cosas y de llevarte en su moto a recorrer la sierra madrileña. Suena bien, ¿verdad? hasta que lo conoces en persona y se convierte en Golum, buscando un dedo al que poner el anillo de bodas y a la que será la madre de sus hijos. En realidad todos parecen normales hasta que las ganicas de tener a alguien sentado en el sofá que te caliente los pies, te prepare una taza de chocolate un domingo lluvioso mientras ves una peli americana que acabe en boda, y que te acompañe en el siguiente confinamiento o ya puestos, en el fin del mundo; les provoca que se ...

Yo he venido aquí a hablar de mi libro.

Creo que salir al mundo real es necesario, y conocer a alguien más allá de una pantalla es indispensable, en primer lugar para ver si congeniamos, y en segundo lugar para echar un polvo de esos que al terminar se escuche aplaudir a los vecinos, que aquí hemos venido a jugar. Una de esas citas fue con N., jefe de mecánicos en una concesionario de coches, de esos que te imaginas lleno de grasa, con el mono a medio bajar, y unos brazos definidos que viene a ser como el anuncio del obrero de Coca Cola. Rubio y ojos azules, modelo nórdico donde los haya, alto y con un pelo de esos sin definir que lleva sin ver un peine desde el 93, pero hay que ver la buena pinta de guarro que le da. Enseguida conectamos, parece un chico de ideas claras y que no está aquí a pasar el rato, según él, busca una relación. Esto sí que da miedo y no la niña de la curva. Me propone quedar para conocernos y tomar algo. ¡Por fin! Uno normal que no se quiere pasar la vida tecleando en una pantalla matándose a paj...

¿La sinceridad importa?

  Las relaciones de este tipo de aplicaciones duran, en ocasiones, hasta que te tomas la primera cerveza, tienes el primer magreo, se termina en la cama o sueltas una verdad incómoda. También puede ser cuando te tiras el primer pedo delante de él, pero eso ya sería un nivel del juego al que todavía no he llegado y de momento voy guardando las partidas. Si muchas de nosotras somos un mar de complejos innecesarios, de no saber mirarnos al espejo sin criticarnos y de infravalorar todo lo que somos capaces de conseguir, de hacer o de ser, ellos pasan por esos mismos pensamientos cuando comentas el tamaño de su pene. Si además de dar una opinión, esta no es la que esperan escuchar, habrás dado comienzo a una guerra fría que te deje sin jurar bandera una larga temporada. En este mundo donde hay de todo, también existen tíos que padecen un síndrome en el cual se ve la realidad desvirtuada, o que se flipan, que también puede ser. La macropsia, es un desorden neurológico que afecta la perc...